miércoles, 13 de mayo de 2015

las venas abiertas de america latina




 las venas abiertas de america latina


Este libro fue escrito con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Sé que pudo resultar sacrílego que este manual de divulgación hable de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas.
cristóbal Colón se lanzó a atravesar al oeste de la Ecúmene y llego a América exactamente a las Bahamas en 1492 pero el murió creyendo que estaba por la espalda de Asia. Cristóbal tenía en su libro de Marco Polo apuntes de cuan rica en todo era América y las personas se interesaron mucho por esto y vinieron los españoles a conquistarnos, después de 3 años de que nos conquistaron se empezaron a llevar a los indios a España para tenerlos de esclavos y las expediciones por toda América se dieron, engañando y usurpando a los indios. Finalmente en el Caribe los tributos o indios desaparecieron y en Dominicana los indios preferían morir a trabajar para ellos.
América había sido donada a la Reina Isabel tras esto distintos personajes fueron enviados para América y estos fueron invadiendo América en distintos lugares, pero consigo trajeron distintos artefactos o armas que los indios no conocían y les llamaba la atención, Pizarro aprovecho la riña entre Atahualpa y Huasca. Además de sus armas y artefactos novedosos los conquistadores trajeron consigo bacterias y virus como la viruela, tétanos, enfermedades pulmonares, intestinales, venéreas, etc. Los conquistadores siguieron avanzando y se apoderaron del oro y todo lo valioso, mataron un sin numero de indios y antes de que Francisco Pizarro degollara a  Atahualpa le quitó un rescate en oro y plata, después Pizarro se lanzo sobre el Cuzco y saquearon el Templo del Sol, aunque no pudieron abatir del todo sus muros. En la época del auge de la ciudad de Potosí; los altares de las iglesias, herraduras de los caballos y alas de los querubines eran de plata. Las calles eran cubiertas de barras de plata; se levantaron templos y palacios, monasterios y garitas con motivo de tragedia y fiesta. Potosí contaba con 12 mil habitantes en 1573 y para 1650 la cifra ascendió a 16 mil habitantes.
las fértiles minas de plata de Potosí se descubrieron entre 1545-1558 en la actual Bolivia, y las de Zacatecas y Guanajuato en México. A mediados del siglo XVIII, la plata abarcaba más del 99% de las exportaciones minerales de América Hispana.  América era un mercado europeo ya que estaba en manos de España, Holanda, Francia, ingleses y alemanes. Carlos V permitió a un grupo de flamencos sacar

oro y joyas de España en mula o caballo, por la ayuda les otorgó títulos burocráticos y hasta licencia para llevar esclavos negros a la América. Los metales americanos proporcionaron medios para combatir contra las fuerzas de la economía moderna. Los principales obstáculos para el progreso industrial de España era la distancia y comunicación. A partir de las derrotas militares de los españoles, se otorgó a Europa concesiones que estimularon el tráfico marítimo, descargando en España múltiples productos. A mediados del siglo XVI se autorizó la importación de tejidos extranjeros en un país pobre

Francisco de Goya



Francisco de Goya

 nació en el año 1746, en Fuendetodos, localidad de la provincia española de Zaragoza, hijo de un dorador de origen vasco, José, y de una labriega hidalga llamada Gracia Lucientes. Avecinada la familia en la capital zaragozana, entró el joven Francisco a aprender el oficio de pintor en el taller del rutinario José Luzán, donde estuvo cuatro años copiando estampas hasta que se decidió a establecerse por su cuenta y, según escribió más tarde él mismo, "pintar de mi invención".

A medida que fueron transcurriendo los años de su longeva vida, este "pintar de mi invención" se hizo más verdadero y más acentuado, pues sin desatender los bien remunerados encargos que le permitieron una existencia desahogada, Goya dibujó e hizo imprimir series de imágenes insólitas y caprichosas, cuyo sentido último, a menudo ambiguo, corresponde a una fantasía personalísima y a un compromiso ideológico, afín a los principios de la Ilustración, que fueron motores de una incansable sátira de las costumbres de su tiempo.

Pero todavía antes de su viaje a Italia en 1771 su arte es balbuciente y tan poco académico que no obtiene ningún respaldo ni éxito alguno; incluso fracasó estrepitosamente en los dos concursos convocados por la Academia de San Fernando en 1763 y 1769. Las composiciones de sus pinturas se inspiraban, a través de los grabados que tenía a su alcance, en viejos maestros como Vouet, Maratta o Correggio, pero a su vuelta de Roma, escala obligada para el aprendizaje de todo artista, sufrirá una interesantísima evolución ya presente en el fresco del Pilar de Zaragoza titulado La gloria del nombre de Dios.
Todavía en esta primera etapa, Goya se ocupa más de las francachelas nocturnas en las tascas madrileñas y de las majas resabidas y descaradas que de cuidar de su reputación profesional y apenas pinta algunos encargos que le vienen de sus amigos los Bayeu, tres hermanos pintores, Ramón, Manuel y Francisco, este último su inseparable compañero y protector, doce años mayor que él. También hermana de éstos era Josefa, con la que contrajo matrimonio en Madrid en junio de 1773, año decisivo en la vida del pintor porque en él se inaugura un nuevo período de mayor solidez y originalidad.
Por esas mismas fechas pinta el primer autorretrato que le conocemos, y no faltan historiadores del arte que supongan que lo realizó con ocasión de sus bodas. En él aparece como lo que siempre fue: un hombre tozudo, desafiante y sensual. El cuidadoso peinado de las largas guedejas negras indica coquetería; la frente despejada, su clara inteligencia; sus ojos oscuros y profundos, una determinación y una valentía inauditas; los labios gordezuelos, una afición sin hipocresía por los placeres voluptuosos; y todo ello enmarcado en un rostro redondo, grande, de abultada nariz y visible papada.






autoretrato



Cartonista de la Fábrica de Tapices

Poco tiempo después, algo más enseriado con su trabajo, asiduo de la tertulia de los neoclásicos presidida por Leandro Fernández de Moratín y en la que concurrían los más grandes y afrancesados ingenios de su generación, obtuvo el encargo de diseñar cartones para la Real Fábrica de Tapices de Madrid, género donde pudo desenvolverse con relativa libertad, hasta el punto de que las 63 composiciones de este tipo realizadas entre 1775 y 1792 constituyen lo más sugestivo de su producción de aquellos años. Tal vez el primero que llevó a cabo sea el conocido como Merienda a orillas del Manzanares, con un tema original y popular que anuncia una serie de cuadros vivos, graciosos y realistas: La riña en la Venta Nueva, El columpio, El quitasol y, sobre todo, allá por 1786 o 1787, El albañil herido.

Este último, de formato muy estrecho y alto, condición impuesta por razones decorativas, representa a dos albañiles que trasladan a un compañero lastimado, probablemente tras la caída de un andamio. El asunto coincide con una reivindicación del trabajador manual, a la sazón peor vistos casi que los mendigos por parte de los pensadores ilustrados. Contra este prejuicio se había manifestado en 1774 el conde de Romanones, afirmando que "es necesario borrar de los oficios todo deshonor, sólo la holgazanería debe contraer vileza". Asimismo, un edicto de 1784 exige daños y perjuicios al maestro de obras en caso de accidente, establece normas para la prudente elevación de andamios, amenaza con cárcel y fuertes multas en caso de negligencia de los responsables y señala ayudas económicas a los damnificados y a sus familias. Goya coopera, pues, con su pintura, en esta política de fomento y dignificación del trabajo, alineándose con el sentir más progresista de su época.

Pintor de la corte

Al año siguiente solicita sin éxito el puesto de primer pintor de cámara, cargo que finalmente es concedido a un artista diez años mayor que él, Mariano Salvador Maella. En 1780, cuando Josefa concibe un nuevo hijo de Goya, Francisco de Paula Antonio Benito, ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con el cuadro Cristo en la cruz, que en la actualidad guarda el Museo del Prado de Madrid, y conoce al mayor valedor de la España ilustrada de entonces, Gaspar Melchor de Jovellanos, con quien lo unirá una estrecha amistad hasta la muerte de este último en 1811. El 2 de diciembre de 1784 nace el único de sus hijos que sobrevivirá, Francisco Javier, y el 18 de marzo del año siguiente es nombrado subdirector de Pintura de la Academia de San Fernando. Por fin, el 25 de junio de 1786, Goya y Ramón Bayeu obtienen el título de pintores del rey con un interesante sueldo de 15.000 reales al mes.


Origen y evolución de las ideas políticas de Goya

Su evolución ideológica personal, tal y como nos la muestra Roberto Alcalá, refleja la evolución de muchos de los ilustrados españoles. Durante la segunda mitad del siglo XVIII Goya se identificaría con el reformismo borbónico, evolucionando en torno al cambio de siglo hacia posiciones liberales. Afrontará en silencio, quizá con grandes dudas, el giro violento de la revolución francesa. En cualquier caso, durante esta época, Goya se nos revela tomando partido claramente por la Luz de la Ilustración frente a las Tinieblas del Antiguo Régimen, y asumiendo todas las contradicciones de los ilustrados españoles de su época.

La invasión napoleónica le arrojará, como a tantos compatriotas, a un abismo de amargura y descreimiento en las posiciones políticas que había defendido. Ese cambio tardará en hacerse evidente en Goya, comprometido en silencio contra la camarilla reaccionaria de Fernando VII.

Hacia el final de su vida terminará refugiándose en buena medida en una religiosidad intimista, manifiesta, por ejemplo, en el fantástico San Pedro en oración que nuestro pintor ejecutó hacia 1920. La profundidad de su sentimiento cristiano no afectará, sin embargo, a su firme posición liberal en materia de costumbres y vida social, mantenida en los mismos umbrales de su muerte, y demostrada en los magníficos dibujos de su última época. Algunos autores han llevado más lejos de lo prudente la interpretación pro-ilustrada y pro-liberal de Goya, hasta dibujar una retrato del pintor que le asimila a un panfletista gráfico, revolucionario y despiadadamente anticlerical.

Quizá en muchas ocasiones, su despiadada crítica social sea, simplemente, el resultado de una mirada irónica que se centra sobre todo en las contradicciones que la realidad le ofrece, que puede ser interpretada tanto en clave de descreimiento como producto de su búsqueda de autenticidad.

Period artistico
Goya es un artista que no permaneció fiel a un solo estilo, sino que refleja en sus obras diversos estilos pictóricos. En su evolución como artista se muestra como un innovador e investigador, que cultivó todos los géneros y técnicas. Goya comenzó siendo un pintor inmerso en el Barroco decorativo. No obstante, pronto evolucionó hacia un estilo neoclásico, creando un estilo propio y personal. Pero con sus últimas obras penetró en los nuevos conceptos sociales y pictóricos del siglo XIX, a la vez que prefiguró muchos de los avances artísticos del siglo XX. Goya anticipó con su arte las pautas del arte contemporáneo, mereciendo la calificación del crítico André Malraux de “Goya es el padre del arte moderno”.

Formación y primeras obras (1763-1781). Su formación barroca en Zaragoza bajo las enseñanzas de Francisco Bayeu y un período en Roma, marcaron las pautas de esta primera etapa. Goya comenzó trabajando en un estilo cercano al Barroco tardío, con un cromatismo de tonos ocres y tostados, recurriendo a un concepto de color suelto y desecho, y una pincelada rápida y de toques abocetados. En 1774, Goya se trasladó a Madrid, a la corte, donde pintó unos cartones para la Real Fábrica de Tapices, destinados a decorar los palacios reales. En estos cartones, cuyas muestras más notables son El quitasol (1777) y La gallina ciega, Goya plasma su estilo que deriva del Barroco tardío, con colores suaves y armonizados, con elegancia, gracia y delicadeza. En los cartones plasma situaciones cotidianas, de ocio, de la vida de la nobleza madrileña, con una visión idílica, dulce y festiva. Eran obras de temática cotidiana, aristocrática, en las que alternó sabiamente una gama cromática viva para darle mayor animación a las escenas, introduciendo claridad en el paisaje.

-Etapa de madurez (1781-1814). Ante su notable progresión artística, Goya comenzó a trabajar como retratista para la Corte. En este momento su pintura comenzará a evolucionar hacia planteamientos neoclásicos. Los retratos que realizó Goya de los miembros de la familia real son fieles a la realidad psicológica de los personajes representados, reproduciendo detalles y hechos objetivos. Retrata a los monarcas y sus familiares con una absoluta crudeza y en ocasiones desde la crítica: es decir, los miembros de la Corte de Carlos IV aparecen retratados vulgarizados y casi decadentes, como espejo de la ruina moral y política que vivía España a finales del s. XVIII. Mientras que Velázquez siempre trató a sus retratados con gran dignidad, Goya ridiculizaba la ineptitud de los miembros de la familia. Así se plasma en La familia de Carlos IV de 1800. La familia real aparece en traje de corte, con lujosos vestidos ceremoniosos. Las figuras se disponen alineadas, como en un friso, en una composición clasicista ante una pared que cierra el fondo, evitando una perspectiva profunda. La luz crea el espacio, resaltando los personajes principales y dejando en penumbra algunas áreas del cuadro. En esa oscuridad está el propio pintor ante el lienzo, en un recurso que recuerda a Las meninas de Velázquez, pintor al que Goya admiraba. En cuanto a la técnica, Goya trabaja sobre todo con luz y el color; sus pinceladas resaltan las texturas y transparencias de los materiales, y destacan los brillos. Coetáneamente realizó el Retrato de Godoy, en el que el Secretario de Estado de Carlos IV aparece representado en una pose licenciosa elocuente de su carácter y el retrato de la Condesa de Chinchón, donde se aprecia la tierna debilidad psicológica de la retratada.

Unas obras claves en su producción de esta época fueron La maja desnuda y La maja vestida ambas de 1803. Obras de tema retratístico conforman un conjunto de dos cuadros de iguales dimensiones que muestran a la misma mujer en idéntica postura. La mujer está tendida sobre un lecho cubierto de cojines con los brazos cubiertos detrás de la cabeza y mira directamente al espectador. La maja vestida ya constituye una provocación erótica, pues su atuendo traslúcido de seda finísima, lejos de esconderla, realza su figura. Probablemente, La maja vestida sirvió para ocultar su equivalente sin ropa, ya que éste provocó un gran escándalo y supuso que Goya compareciese ante la Inquisición, pues la Iglesia española prohibía la representación del cuerpo humano desnudo. La representación del desnudo fue uno de los temas recurrentes del Renacimiento y el Barroco (Tiziano, Velázquez…) pero siempre en un contexto mitológico, como era el caso de numerosas Venus, diosa del amor. En cambio, la inmediatez de la maja de Goya es casi directa, pues el pintor omitió cualquier alusión mitológica. La modelo, plenamente consciente de sus encantos, se presta a las miradas y al mismo tiempo, parece observar el efecto que causa. Durante mucho tiempo se creyó que la modelo de los cuadros fue Cayetana de Alba, pero probablemente Goya pintó a una maja madrileña, que quizá pudo ser Pepa Tudo, la querida de Godoy. Es posible que Godoy, el hombre más poderoso del país, se atreviese a encargar un cuadro de estas características y a colgarlo en su palacio para deleite de unos pocos invitados. Como quiera que sea, la obra de Goya es una afirmación de la sensualidad del cuerpo humano que no recurre a pretextos mitológicos o históricos, que pretende ofrecer y exhibir la belleza del cuerpo en un mundo cotidiano.

En 1799, Goya publicó una serie de ochenta grabados denominados Caprichos, con una imagen acompañada de unas palabras que explican su contenido recurriendo a la ironía. Los Caprichos eran comentarios sociales en forma de grabados, con un tono crítico hacia los vicios, los errores, las supersticiones, extravagancias y locuras de la sociedad de finales del s. XVIII. En los Caprichos Goya recurre a crear unos fuertes contrastes entre el blanco y el negro, entre la luz y la oscuridad. Uno de sus Caprichos más conocidos es El sueño de la razón produce monstruos.

Goya fue testigo de los horrores de la invasión napoleónica. Desde 1808 comenzó a trabajar en una serie de grabados en aguafuerte denominados Los desastres de la guerra. Se trata de imágenes de la guerra, sobre las matanzas civiles, mutilaciones y saqueos, que representan toda la crudeza de los conflictos bélicos. Están realizados con fondos nocturnos y desde un punto de vista bajo. En estas estampas contrasta la iluminación blanca con distintas intensidades de negro, lo que aumenta el dramatismo de la escena.

La gallina ciega-Goya


Obra pictórica titulada "La gallina ciega" pintada por Francisco de Goya entre 1788-1789, perteneciente a su etapa en la corte de Carlos III de cierta tendencia rococó. Goya realizó el cartón para tapices de la Gallina ciega, basándose en el boceto que había sido presentado a Carlos III. Las escenas debían servir como modelo para los tapices destinados al dormitorio de las infantas en el Palacio de El Pardo, pero el encargo se paralizó por el fallecimiento del monarca. Goya describe la escena como figuras jugando al cucharón, pero ha pasado a la historia con el título de la Gallina ciega. Lo más significativo de la estampa es la perfección con la que han sido captados el movimiento y el ritmo de las figuras, algunas en unos preciosos escorzos.
La condesa de Chinchón-Goya



Obra pictórica realizada por Francisco de Goya en 1800, titulada "Retrato de la Condesa de Chinchón". El retrato de la Condesa de Chinchón es posiblemente el más bello y delicado de los pintados por Goya. Quizá venga motivado por el conocimiento de la modelo desde que era pequeña ya que María Teresa de Borbón y Vallábriga era la hija menor del infante don Luis, el primer mecenas del maestro. Goya sentía gran aprecio y cariño por la joven, casada por intereses varios con Manuel Godoy, el poderoso valido de Carlos IV. La Condesa tiene 21 años, después de tres años de matrimonio, y se presenta embarazada de su primera hija, la infanta Carlota. Está sentada en un sillón de época y lleva una corona de espigas en la cabeza - símbolo de su preñez - y un anillo camafeo en el que se intuye el busto de su marido. La luz ilumina plenamente la delicada figura, resbalando sobre el traje de tonos claros, creando un especial efecto atmosférico que recuerda a las últimas obras de Velázquez. A su alrededor no hay elementos que aludan a la estancia, reforzándose la idea de soledad que expresa el bello rostro de la joven. Y es que Goya concentra toda su atención en el carácter tímido y ausente de María Teresa, animando al espectador a admirarla de la misma manera que hacía él mismo.

La familia de Carlos IV-Goya




Obra pictórica de tema retratístico titulado "La familia de Carlos IV", realizado por Francisco de Goya, en 1800. La Familia de Carlos IV supone la culminación de todos los retratos pintados por Goya en esta época. Gracias a las cartas de la reina María Luisa de Parma a Godoy conocemos paso a paso la concepción del cuadro.

Los fusilamientos del tres de mayo-Goya





Obra pictórica de temática histórica titulada "Los fusilamientos del 3 de mayo" realizada por Francisco de Goya en 1814. Ya en 1814, después de la expulsión de los franceses que habían invadido España, Goya realiza estos dos cuadros, el 2 de mayo y el 3 de mayo en Madrid, para los que pidió una cantidad de dinero a la Regencia. Goya en esa época era sospechoso de afrancesado, y se inicia en él un sentimiento de ser perseguido o amenazado por el retornado Fernando VII. Aparte de la viva impresión que le había causado la guerra, que le impulsó a realizar sus famosos Desastres, estos dos cuadros le permiten en cierta manera afirmar su adhesión al pueblo español, más allá de sus compromisos intelectuales que le aproximaban a la cultura y la política de la Ilustración.

Rembrant



Rembrandt

(Rembrandt Harmenszoon van Rijn; Leiden, Países Bajos, 1606 - Amsterdam, 1669) Pintor holandés. Nacido en el seno de una acomodada familia de molineros, Rembrandt van Rijn recibió una esmerada educación y llegó a ingresar en la Universidad de Leiden, donde estudió un curso, ya que por entonces decidió dedicarse a la pintura. De los dos maestros que tuvo, uno en Leiden y otro en Amsterdam, fue este último el que más influyó en el artista y el que le transmitió las tendencias italianizantes en boga. De hecho, sus primeras creaciones (como la Lapidación de san Esteban) manifiestan una evidente influencia del estilo de Pieter Lastman.




En 1625, considerándose ya formado, abrió taller en Leiden junto con Jan Lievens (quien después siguió una trayectoria muy distinta), y no tardó en contar con una amplia clientela. Durante los años de Leiden, el arte de Rembrandt evolucionó desde unos inicios de colores brillantes y gestos grandilocuentes hacia una creciente afirmación del claroscuro. El sabio empleo que hizo el artista de esta nota tan típica del Barroco es lo que confiere a su obra una fuerza y una personalidad indiscutibles. Ya en época temprana, hacia 1630, el claroscuro se convierte en el más poderoso medio de expresión del pintor, tal como evidencian obras como Sansón traicionado por Dalila y La presentación de Jesús en el templo.

En 1630, a raíz de la muerte de su padre, se trasladó a Amsterdam, donde se asoció con el marchante Hendrick van Uylenburgh, con cuya hija, Saskia, se casó. Comenzó entonces para él una etapa de prosperidad económica y de vida mundana, que se truncó repentinamente en 1642, año de la muerte de su esposa. Los reveses económicos se sucedieron, hasta que en 1656 se vio obligado a subastar todas sus pertenencias (casa, colecciones de arte, etc.). El consuelo le llegó de la mano de Hendrickje Stoffels, que entró a su servicio para hacerse cargo de su hijo Tito y con quien mantuvo una relación sentimental, sin llegar a casarse con ella para no perder la herencia de Saskia.

Las dos etapas, próspera y adversa, de la vida de Rembrandt van Rijn se reflejan en sus obras, particularmente en los autorretratos, un género que el artista cultivó a lo largo de toda su carrera; mientras que los primeros son alegres, brillantes y un tanto superficiales, los de los últimos años tienen un carácter sombrío, sereno, y reflejan una profundidad muy superior. De los numerosos géneros que cultivó, el religioso y el retrato fueron los dos en que más brilló su talento de maestro del Barroco.

Los síndicos del gremio de pañeros



A Rembrandt se le recuerda, de hecho, sobre todo por sus magistrales retratos de grupo, absolutamente alejados de los convencionalismos al uso. La maestría compositiva, la perfecta caracterización de los personajes, el detallado estudio de los ademanes, la agudeza de los rostros, hacen de sus tres grandes creaciones de este género (La lección de anatomía del doctor Tulp, La ronda de noche y Los síndicos del gremio de pañeros) unas obras llenas de vida y de genio.

En las creaciones de los últimos años (El hombre del yelmo de oro, Jacob bendice a los hijos de José o La novia judía), el pintor eleva todas sus conquistas al plano de la madurez, del estilo conseguido a base de años y de esfuerzo, y manifiesta un absoluto dominio de las técnicas y de los efectos.

Rembrandt fue también un gran dibujante y un grabador genial, que dejó cerca de 1.500 dibujos y alrededor de 400 grabados. Tanto los dibujos como los aguafuertes son obras plenamente barrocas, dominadas por la acción, el dramatismo y un realismo derivado de la observación del mundo circundante muy característico del arte de Flandes y de los Países Bajos. En todo ello se asemejan a las pinturas del artista, de las cuales se diferencian en la mayor importancia que en dibujos y grabados tiene la línea sobre el claroscuro.

La ronda de noche


Aunque el título del lienzo como La ronda de noche está históricamente consolidado, su nombre original fue La compañía militar del capitán Frans Banninck Cocq y el teniente Willem van Ruytenburgh (el nombre oficial en neerlandés es De compagnie van kapitein Frans Banninck Cocq en luitenant Willem van Ruytenburgh maakt zich gereed om uit te marcheren). Éste, que quizá fuese su verdadero título
La obra fue encargada por la Corporación de Arcabuceros de Ámsterdam para decorar el Groote Zaal, 'Gran Salón', del Kloveniersdoelen, sede de la milicia. Debido a esto, Rembrandt usó monumentales dimensiones para el lienzo.

En ella aparece la milicia del capitán Frans Banninck Cocq en el momento en el que éste da la orden de marchar al alférez Willem van Ruytenburch. Detrás de ellos aparecen los 18 integrantes de la Compañía, que pagaron una media de cien florines al pintor por aparecer en el cuadro, una suma más que considerable para la época. Los dos oficiales probablemente pagaron más, por el lugar privilegiado que ocupan en el cuadro. En total, Rembrandt cobró 1600 florines por este cuadro. Al ser la compañía de arcabuceros una institución municipal, La ronda de noche sigue siendo propiedad del Ayuntamiento de Ámsterdam, que la cede al Rijksmuseum en préstamo de uso sin contraprestación económica.
Rembrandt se apartó de lo convencional, evitando una escena estática y formal, y generando, en cambio, una de acción, más del gusto del Barroco imperante. Muestra a los soldados apurados para embarcarse en una misión (que tipo de misión, o si se trataba de un patrullaje ordinario es todavía motivo de discusión). Este ordenamiento es completamente original y constituye un nuevo modo de concebir el retrato colectivo. Su estilo causó la contrariedad de algunos miembros de la milicia, que por su ubicación en el fondo de la escena son difícilmente distinguibles. A diferencia de cuadros de la misma temática, en que la disposición de las figuras siguen un orden jerárquico preciso, el pintor basó la colocación de los personajes únicamente en razones plásticas. Los rígidos cánones de los retratos corporativos sólo traducían rutina y convencionalismo e imposibilitaban la expresión personal y dramática.

El retorno del hijo pródigo


El retorno del hijo pródigo es una obra del pintor holandés Rembrandt. Está realizado en óleo sobre tela, y fue pintado hacia el año 1662. Mide 262 cm de alto y 205 cm de ancho. Se exhibe actualmente en el Museo del Ermitage de San Petersburgo (Rusia).

El cuadro se inspira en la parábola del hijo pródigo contenida en la Biblia. La parábola del evangelista Lucas (c.15, v.11-32), representada en este cuadro, también es recordada como «Parábola del Padre misericordioso». La escena representa el momento cumbre del perdón del padre frente al hijo arrepentido de su propia conducta. Rasgo de arrepentimiento es que comparece con el cabello rapado y se arrodilla ante el padre. Viste andrajos con agujeros. El anciano lo acoge con un gesto amoroso y casi protector, expresando así sentimientos de misericordia y compasión. Coloca las manos amorosamente en la espalda del hijo. A la derecha, observa la escena un personaje identificado como el hijo mayor; viste de manera lujosa y con un yelmo dorado. Se ha señalado también que podría ser un personaje político. Al fondo se distinguen dos figuras no bien identificadas.

La luz incide directamente en esta pareja padre-hijo, así como en el rostro del personaje de la derecha. El resto de la composición queda en la sombra. Se ha relacionado el tema de esta obra y su forma de expresarla con el momento personal que pasaba Rembrandt, viejo, solo y arruinado, ya próximo a su muerte. De ahí que logre transmitir una sensación de tragedia elevada a un símbolo de significado universal.

La novia judía


La novia judía (en holandés: Het Joodse bruidje) es una obra del pintor holandés Rembrandt pintada en 1666. Está expuesta en forma permanente en el Rijksmuseum de Ámsterdam.

A la pintura se le dio el nombre actual a principios del siglo XIX, cuando un coleccionista de arte de Ámsterdam identificó el tema como el de un padre judío que regala un collar a su hija el día de su casamiento. Esta interpretación ya no es aceptada, y la identidad de la pareja es incierta.1 La ambigüedad es sobre todo por la falta de contexto anecdótico, y sólo deja claro el tema universal del amor en una pareja. Las especulaciones en relación a la identidad de la pareja se extendieron al hijo de Rembrandt, Titus y su novia, o al poeta Miguel de Barrios junto a su mujer. También se ha considerado la posibilidad de que fuesen parejas del Antiguo Testamento, incluyendo Abraham y Sara, o Boaz y Rut. La identificación más probable es la de Isaac y Rebekah como son descritos en Génesis 26:8, identificación que se sostiene además con un dibujo del artista sobre el mismo tema.

La tormenta en el mar de Galilea



La tormenta en el mar de Galilea es una obra del pintor holandés Rembrandt, pintada hacia 1633, y que se exhibía en el Museo Isabella Stewart Gardner de Boston, Massachussets, Estados Unidos. La pintura muestra uno de los primeros milagros de Jesús, concretamente el narrado en el evangelio de San Marcos, capítulo cuarto, cuando Jesús calmó las aguas en una tormenta en el Lago Galilea. Se trata de la única marina del genial pintor holandés. Es una obra de juventud en la que Rembrandt se autorretrata en una de las catorce personas que ocupan el bote, concretamente el que sujeta la cuerda del mástil y mira hacia el espectador.
Esta obra fue robada en la madrugada del 18 de marzo de 1990. Los ladrones se disfrazaron de policías y robaron el cuadro y otras 12 obras de arte, en el que es considerado el mayor robo de obras de arte sin resolver de la historia. Hay una recompensa de cinco millones de dólares para quien pueda dar datos fidedignos sobre el paradero de estas obras.